—Calvert, tú mueres en un país lejano y en condiciones misteriosas.

            —El país lejano es Cuba, ya que nací en Baltimore.  Así pues voy a morir en la isla.

            Ese fue su razonamiento cuando al interesarse por su muerte le leía por primera vez su carta natal.  Pero no fue La Habana sino Roma la ciudad lejana de Baltimore donde las circunstancias de su muerte iban a confundirse.

            Es Urano el planeta que domina su sector del pensamiento abstracto y su muerte al mismo tiempo.  Literatura, religión y muerte son términos sinónimos en el complejo de su horóscopo.  Anunciando el exilio por Pisces, Urano totaliza la idea en su orientación hacia lo excepcional, lo misterioso, el último estertor del que agoniza, el bembé, la superstición.  El acto creador por derroteros esotéricos afirmándose en una abstracción de morbosas sinuosidades dirigidas a una intención exclusiva: la muerte me ronda, procurésmola. 

            El sol se ha puesto en el signo viajero de Sagitario enemistado con el Medio Cielo.  Su ego destruyendo su fama, se lee.

            Por el contrario, Plutón se destaca en levante removiendo las aguas de Cáncer con toda su agresividad destructora.  Es él quien le lleva a la crisis profunda que se convirtió en su autodestrucción “perché stanco della vita”.  Los símbolos de sus últimos años (la casa de la tumba) Mercurio y Venus, se oponen a Plutón.  Tras 46 años de rencillas su mente cayó, al fin, en los torbellinos plutónicos escondidos más allá de todo signo celeste.

            Hoy, ya cumplido su papel, nos contempla desde las bambalinas, a la espera de un nuevo rol en el cual Plutón no será su Convidado de Piedra.