LIBERTAD

COLOR

DE HOMBRE

 

 

 

fernando palenzuela nació en Güira de Melena, Cuba, en 1938.  Vive exilado de su país desde principios de 1961.  Su exilio ha sido un androide gigantesco con nombres diferentes: España, Francia, Alemania, U.S.A., regido siempre por un solo signo: la soledad.  Próximamente publicará un libro de poemas, Amuletos del Sueño, que escribiera hace 10 años.

Más bellas que la sombre del tigre tus manos nada las detiene cuando avanzan sin sombra por el bosque cabalgando la abeja y el cristal espléndido de los veranos

 

Ellas que viajan siempre en la nocturna corteza de tus dientes para emboscarse piel en la mañana en el cadáver de las palmas en las sangrantes cárceles del viento

 

Esas manos de labios que derrumban la muralla de púas de ojos bajo la hierba de elefante —grabadas en las insomnes raíces del cisne o de la tierra—

 

Son un río de entrañas vivas que acarician las armas de la aurora son el azogue de la violencia el resplandor de la anémona las flores de la fiebre en tu garganta el sueño desatando

 

Entre tu ademán y las rosas entre las brasas del mar y mi cabeza una araña de vidrios necesarios teje la transparencia en la explosión de los espejos de obsidiana virgen

 

En mi dormitorio cada noche el viento insomne de tus manos levanta las espinas la llamarada libre del acero bajo la catedral de Chartres se lava en la hoguera de mi voz en mi respiración sin compromiso como una daga transcurre lentamente en aguas desiguales el unicornio fumando las estrellas bajo el azar culpable de tus manos de venas de madera dispuesta para el fuego del lado de los que afilan los corales las casas las montañas como una ola de rabia contra el tiempo de los asesinos y las máscaras

 

Mientras los poetas recurren a las manchas que dejan las palabras sobre los duros labios del castillo yo me deslizo por el relámpago de tus cabellos como un fruto sombrío cuyas manos con la sombra del pez cortan la noche que se reparte hacia las migraciones y el olvido

 

Hacia los altos hornos de la muerte hasta la crucifixión de los coleópteros entramos sin dejar rastro en el espejo de las momias envueltos con las hojas del mar pasamos decididos como el resplandor de una mordida ante el árbol de los tiburones de imanes transparentes entre las orejas del radar como un río de arterias cristalizadas que derrumban el bosque y las semillas corrompidas del tiempo

 

Una coraza de grillos nos precede y alcanza nos protege un talismán de balas duerme en nuestros puños el silencio de los que trabajan como el castor invade el monte y lo detiene

 

Al filo del sueño al filo de un nombre pronunciado con asco al filo de un hielo oscuro enjaulado de noche al filo de tus senos de mangle rojo al filo de los que esperan yo me incrusto al cristal libre y sonoro respirando pájaros de carbón como una lanza fundida a la yagruma bajo la luz abierta del tungsteno

 

                                                                       

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La música de cabellos más blancos que el sol

Perfora el brazo los vitrales

Las mariposas que flotan en tus ojos

Se posa en tu mirada hacha o pájaros

Como un reptil acude lentamente

Muriendo ante la flor azul de la mañana

Esa música de dientes que borran las palabras

Siempre serán las venas del agua detenida

Ante la sombra de un Adán tenebroso

Luchando por avanzar hacia lo oscuro

La lentitud con que la piedra existe

Es enfrentar un resplandor incierto

Saltar sobre mi abismo en llamas

Tinieblas de amor besar entre papeles

La crueldad de descubrir que hablamos

Una implacable ceniza que borra el hormiguero

De algunas luces podridas en la lengua

Esa música es lengua de mi sombra

Para levantar el velo de Isis y las rosas

Destinada a llevar una memoria un cuerpo

Como una alegoría doble y de cristal rugiendo

Hacia la piedra más alta del árbol de la niebla

Donde los fantasmas se disuelven en puños como flores

Cuando el hombre de lágrimas de hierro

Condenado

Al plomo de su sombra

A la conclusión de sus muslos

Siempre a la exacta medida de sus huesos

Respira la opacidad concreta en las plumas del cisne

Algunos restos de naufragio brillan

En las temblorosas jaulas de sus manos

Flor atroz de arterias de lágrimas que saltan como púas

Para no abrir jamás las puertas a los peces

Un sol le sale por la axila

Su moneda en mis oídos crece hacia el despertar de la alondra

Independientemente que mis ojos siempre estarán abiertos o cerrados

Me alimento de un suelo sólido de llamas

De una realidad que me visita joya

Agua viva naciendo de lo alto

Cayendo como una espada o signo que se borra

Como un perro todo mandíbulas de tela

En la densidad de lo visible

Que traerá en sus alas siniestras las palabras

En lo oscuro sin límites ni sombra

El luminoso bebe un color clandestino

Como los ojos de Horus

Como los mitos de Osiris

Como un cadáver rápido que ama

Los eslabones de la alquimia

Subyugan la mirada del árbol

El tabú de las cortinas que florecen

Más allá del brazo más allá del ojo

Más allá de la neblina lógica del peso

De la conciencia como una mosca en los estratos de la noche

Del otro lado del ser muy lentamente

En las escaleras del deseo

Me mira con su apariencia de reloj suspendido

Da cuerda al tambor de la ceniza

Devolviéndome intacto lo invisible

Este silencio el sueño de frente de cristal

Por donde empieza la palabra.