JOSE ANTONIO ARCOCHA


jose antonio arcocha
nació en Jagüey Grande, Cuba, en 1938 bajo el signo de escorpión.  Abandonó su patria en el mes de febrero de 1961.  Ha vivido en España, Alemania, Luxemburgo, Bélgica y los Estados Unidos.  En 1969 publicó un libro de poemas, El reino impenetrable.  Arrojaría, con gusto, su mano izquierda al fuego con tal de leer los manuscritos de la biblioteca de Alejandría.  Admira indiscriminadamente a Homero y al anónimo autor de la cuarteta que comienza: “Adiós Nueva York querido...”.

 

 

Tu perfil de estatua egipcia

Y tus ojos que atraviesan mis ojos

No sabrán del poema

Del poema que ejerce su dominio sobre la noche

Que es la secreta justificación de la noche

Más poderoso que la lluvia con que finaliza la noche

Recurrente como la epilepsia

Fantasmagórico como la lepra

Aquí no hay noche ni senos ni ojos

Aquí solo brilla la ciega voluntad del poema

O quizá no porque miento

Quizá miento para ocultar mi faz de cebra enjaulada

Y en ese vaivén entre tu perfil y la cebra

He aquí que ha surgido el poema

Inaudito como el amor

Silencioso como el vuelo del ave

Invisible como los vampiros del alba.

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He invocado a mi antiguo temor a la locura

Al viejo mundo de dardos y máscaras

Donde la luna inicia la transformación de los hombres

En jardines tenebrosos donde imperan las momias

Mis gritos de manicomio en noches de rayos

Ocultan la levitación de las brujas

Sobre los designios secretos del escorpión.

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Nunca más tus ojos que traspasan la niebla

No hay sílabas para tus senos de relámpago bajo la lluvia

Aquí ya sólo hay corales de realidad que esperan el desembarco

Los volcanes del archipiélago indonesio

La espada que reluce con la sangre de la dialéctica

Son signos visibles de los montes del Cáucaso

Y del huracán que anuncian los días de octubre

Llegaremnos galopando al alba con el ras de los mares

No habrá piedad para las naves siniestras

Una escuadra de buques fantasmas ya avizora el castillo

Una salva de libros un arabesco de páginas

Inician su danza en las garras mismas del tigre

Se esfuman las puertas de la prisión y los guardianes con ellas

Ennegrecen los cabellos en la raíz del silencio

Como en sueños hemos asesinado al ángel de la espada flamígera

Es pasto de las llamas un solo árbol del bosque.