ben-ami fihman nació en Caracas, Venezuela, en 1949.  No revela su signo por temor a los hechiceros.  Estudió, equivocadamente, cine en New York.  Ha publicado cuentos en Imagen, de Caracas, y crítica literaria en remotos periódicos de las llanuras venezolanas.  Aspira a ser el más grande cuentista de horror de América Latina.  Para lograr su propósito, se afirma que en las noches sin luna le es dado comunicarse con el alma bienaventurada de Boris Karloff.



 

BEN-AMI FIHMAN

1

 

Hagan el favor de dejar los jardines de esta casa

antes de ser acorralados por el ciervo feroz

que deposita sus patas con lentitud

sobre la grama regada en todos los rincones.

Es preferible abandonar la comodidad vegetal de este ambiente

antes de caer bajo la maldición de las nutrias aéreas.

 

Ahora que se han decidido a huir antes de la caída del sol:

eviten aquella esquina a un lado de la entrada.

La esquina donde revuelcan su furor dos leones grises:

uno con la acariciada melena hecha una costra de piedra

el otro las patas heridas por la espera de la presa.

La esquina donde hay que sufrir el enfrentamiento

del ciego calvo que mira el mundo con las manos.

La esquina de los querubines viejos

que han abandonado el hábito del arpa

y la raída escalera de caracol

que desciende hasta la boca murmurante de Borges.

 

Entra tú, regresa, tú que eres yo:

atraviesa los dos leones de piedra,

la alfombra, la esquina de atrocidades que se repiten;

con la cabeza baja, dejando el aire cansado a tu espalda,

camina hasta tu cuarto donde olvidarás,

olvidarás al ciego,

olvidarás los querubines, a la escalera, a Borges,

olvidarás los dos leones que te aguardan diariamente,

olvidarás tu cara en la tranquilidad de tu cuarto.

 

 

2

 

La tortuga inadvertidamente recorre el jardín en sus últimos rincones

El libro de arqueología está abierto con Ur entre sus brazos

El laboratorio de juguete es el recuerdo doméstico de la alquimia

La tortuga sospecha las alturas sin osadía para enfrentarlas

En el laboratorio un mechero de alcohol hace estallar el incendio

La ciudad de Ur, la habitación, la casa entera, son delicias entre las llamas.

 

 

3

 

Registra las humaredas que casi te tocan las manos,

hágalas también para no encontrar nada,

ni siquiera la ceniza senil del otro invierno.

Reconoce en las paredes renegridas de estos edificios

las puertas que fueron tu entrada y serán tu salida

las ventanas que cedieron lentas a tus manos

y mañana clausurarán las diminutas fallebas

las escaleras que recibieron la ascensión de tus pasos

y dentro de unos días escucharán tu descenso.

Haz barcos con las manos para reunir un poco de luz

o toma una soga para colgarte.