UNA VENTANA AL ESPACIO

 

            Me propongo explorar en el umbral de la década del 70 lo que será, posiblemente, la poesía latinoamericana observada desde el comienzo del Tercer Milenio.  Es una fascinante aventura y requiere imaginación, cálculo, meditaciones, esfuerzos de perspectivas difíciles de alcanzar en este hoy y que necesitamos.

            No es desdeñable recordar, en el inicio de esta serie de auscultaciones, que nos separan sólo tres décadas del siglo XXI y que, en cierto modo —nos lo dicen los programas de televisión que se llaman “Siglo XXI”, modas, modos, nombres de editoriales, filmes, poemas, relatos de ficción científica o de ciencia ficción y muchas otras circunstancias—, nos encontramos “dentro del ambiente” de un nuevo milenio.

            Nos lo dice, también, el ritmo de la aceleración técnico-científica del que tenemos conciencia.  Es evidente, a través de la automatización y otras formas, en los países de mayor desarrollo, pero también se hace presente —aunque en mucho menor escala— en nuestros países de menor desarrollo, porque tenemos la conciencia que la dimensión planetaria “se ha achicado”.  El planeta Tierra es, cada vez más, una casa, no obstante sus terribles contradicciones, conflictos, desajustes, desniveles entre países ricos y países pobres, guerras revolucionarias y de las otras, su explosión demográfica, las zonas de hambre y miseria.

            Lo que ha trastornado nuestra conciencia del espacio y relaciones en la Tierra es, muy principalmente, el alcance, impacto y poder de los medios de comunicación de masas.  Ya no podemos estar aislados.  La información simultánea —por medio de satélites— es una realidad planetaria.  La transmisión del Campeonato Mundial de Fútbol “México 70” sitúa el problema de las comunicaciones instantáneas con una dimensión que nos dice que “ya no hay distancias” y que todo ocurre “al mismo instante” en cualquier sitio del planeta donde uno se encuentre.

            Desde estas nuevas situaciones podemos asomarnos, un poco, al espacio de la poesía latinoamericana de este siglo XX, considerando que al terminar nuestro milenio y a la hora de los recuentos, se hará en el año inicial del Tercer Milenio una especie de balance de todas las actividades, quehaceres y creaciones humanas en mayor escala que las que se hicieron al penetrar en el siglo XX.  Esta vez —y téngase en cuenta— se trata del inicio de una nueva época humana a la que Arthur Clarke ha definido, para el inicio de ella, como la de “Los caballeros del tercer milenio”, clara alusión a que las gestas caballerescas de la Edad Media serán reemplazadas por las de los astronautas, exploradores y colonizadores del espacio.

            “Es indudable —ha escrito Clarke— que los descubrimientos y las aventuras, los triunfos y las tragedias inevitables que acompañarán al vuelo del hombre hacia las estrellas inspirarán un día una nueva literatura heroica” [i].

            ¿Cuál ha sido el aporte de la poesía latinoamericana inspirada en la Era Espacial?  ¿Cuál será en el futuro?  ¿Cómo contará y qué permanecerá de este tema?  Ya ésta es una primera inquietud y una primera ventana.

 

“RESPLANDORES QUE AYER ERAN MISTERIOS”

 

            El verso del poema “Recreo sobre la ciencia-ficción” de mi compañero latinoamericano de generación literaria, el costarricense Alfredo Cardona Peña (1917), me sirve, ahora, para definir una nueva temperatura de inspiración poética que me parece que irá creciendo hacia mañana.

            La evolución de los temas poéticos de Cardona Peña es interesante.  “Repertorio Americano” dio a conocer su estreno de niño prodigio en la poesía costarricense y heredero de una tradición cultural muy estimada en Costa Rica.

            Cardona Peña ha escrito y publicado lo mejor de su obra en México y en esto sigue una tradición centroamericana que encuentra en México un polo de atracción, influencia y edición literaria, justificado.  “Cosecha Mayor” encierra la interesante órbita lírica de Cardona Peña que culmina en su poesía espacial y cósmica [ii].

            Hay que partir de “El Mundo que tú eres” (1944), “Bajo la piel comienza la noche de mi ser”, pasar al “Valle de México” (1949), “Nunca el silencio adquiere tanto espacio”, seguir con “Poemas Numerales” (1950), “La patria del poema está en las hojas”, continuar con “Bodas de Tierra y Mar” (1950), “Abrid como yo abro, la caja de los mares”.  Luego aparecen “Los jardines amantes” (1952), “Un día, a la sombra de los altos conjuntos” y “Primer Paraíso” (1955), “Oh inefables guardianes coronados de olvido”.  “Poema Nuevo” (1955) continúa la órbita (“La materia, su inmensa mariposa de fuego”) que va hacia “Poesía de Pie” (1959), “...los huesos de los siglos...”, que se extiende hacia “Mínimo Estar” (1959), “Sueño, que me regalas noticias portentosas” y hacia “Oración Futura” (1959), “Bienaventurada sea la anticipación del tiempo” hasta “Poemas de la Juventud” (1960) donde ha escrito: “No me obsequiaste en vano, diosa terrestre”.

            Todo esto para desembocar en uno de los espacios de la obra de Cardona Peña que me parece de gran proyección: su poesía de inspiración cibernética, espacial, epocal.  Su poema “Recreo sobre la ciencia-ficción” fue publicado en el número que la revista “Zona Franca” de Caracas —y que dirigía el poeta Juan Liscano— dedicó a “La Irrupción del Futuro” [iii].  El poema de Cardona Peña es la única muestra poética de este número francamente excelente.  Y cabría pensar si, entonces, en América Latina no existían otras muestras del tema, que ha producido en narrativa de ciencia-ficción algunas páginas interesantes.  El propio Cardona Peña es autor de un libro de relatos de ficción-científica.  Es un género muy propio a poetas y nos lo dice ese gran poeta de la ciencia ficción que es Ray Bradbury, el autor de “Crónicas Marcianas” y “Fahrenheit 451”—para no citar sino a dos libros ya clásicos en su especialidad—.

            “Pues cada época tiene un peculiar estilo de enamorar a / la fantasía”, dice Cardona Peña en uno de los versos de su poema ya citado y de este modo define el alcance poético de la ciencia ficción.  “La fantasía —agrega— ha entregado ahora una corona supersónica a los cronistas del futuro”.  Y así lo creo.

            Detengámonos en algunos de los versos de gran estremecimiento y resonancia del poema.  Encontramos, así, al hombre, ya liberado de las guerras:

 

            frente al tablero de mandos tachonado de mapas,

            luminoso con sus números educados para traducir lenguajes desconocidos”. 

 

“UNA CONCIENCIA EN LLAMAS SIN FRONTERAS”

 

            Este ser que parece haber salido, sólo ahora, de la Edad de sus grandes temores, en los que las cuevas eran casi el único amparo maternal de la tierra, recién se empina o se asoma a lo que será un día la Edad de su pleno desarrollo espiritual, estamos, en esto, como en un umbral.  Mientras escribo escucho una melodía popular inspirada en un satélite de comunicaciones y que lleva el nombre de “El Pájaro Madrugador”.  No es necesario sino abrir, de pronto, el canal de la radio para que nuestra habitación sea visitada por nuevos sonidos.  La música popular ha cambiado en los últimos dos años: en temas y tonos.  Existe un nuevo romanticismo electrónico.  Y esto tiene que entenderlo la poesía:

 

            “Un libro de visiones jamás escrito no por plumas, sí por hélices,

            y cuyos argumento —semejantes a mitologías con motores—

convierten lo imposible en muchas flores”.

 

El tono del poeta costarricense, que me sirve de ejemplo, nos lleva a un nuevo clima donde surgen nuevos valores: “relojeros del destino”, “ingenieros en prosa ultraceleste” que “por las noches, después de trabajar en sus laboratorios de cristal, —se reúnen para jugar a los astros sin hacer trampa”, “flores parlantes”, “límites vencidos, resplandores que ayer eran misterios”.  Obsérvese que este nuevo inventario lírico, esta temática sólo ayer o anteayer aún no estrenada, no rebaja la calidad poética.  Y esto es mucho si se revisa esa poesía del siglo XIX inspirada por los inventos del siglo del positivismo y de la ciencia y que tuvo en Don Manuel José Quintana (1772-1857) a un cultivador que no pudo escapar del prosismo de los materiales que trabajaba.  El problema es siempre cómo elevar y trascendentalizar el tema y aquí viene el problema de la inventiva poética.

Cardona Peña ha conseguido, en el poema que me sirve de ejemplo, levantar el tema de lo simplemente descriptivo a lo sensitivamente profundizado.  Como siente el asunto, con emoción, ha conseguido transmitir al poema esa emoción, pero el problema es aquí que el poeta inspirado en lo espacial debe estar en el clima emocional lo suficientemente motivado en lo que ha llamado Arthur C. Clarke “la nueva imaginería” que ha encontrado que los cohetes espaciales “son los capiteles de una catedral en movimiento”.  Y como poniendo la fecha en el blanco, Clarke se ha preguntado para dejar vibrando la inquietud en nosotros: “¿Quién puede hoy imaginarse qué clase de arte nos vendrá del Espacio?”

Regresando al poema de Cardona Peña, deseo llamar la atención sobre unos versos que permanecen resonando también y que vendrían a ser la respuesta a la interrogante planteada por Clarke:

“...La fantasía

ha entregado ahora una corona supersónica a los cronistas del futuro,

a los que con su imaginación han pisado los jardines privados del abismo

escribiendo calidoscopios editados por las velocidades del sonido

......................................................................................................................

porque el universo —que es eternidad y expansión— ha grabado en el
                 hombre

una conciencia en llamas sin fronteras”.

 

Detengámonos a repetir esa visión einsteniana, ya clásica también en nuestro siglo XX, pero que recoge la poesía: “el universo —que es eternidad y expansión— ha grabado en el hombre una conciencia en llamas sin fronteras”.

Creo que este tono de la poesía del poeta costarricense, residente en México, seguirá resonando, abrirá nuevas vías de inspiración, acompañará, porque la poesía es descubrimiento permanente del ser y de su contorno, y el universo es una de las grandes inquietudes del hombre desde que pudo ponerse de pie —superando a los cuadrúpedos— y contemplar e imaginar los secretos y misterios de los astros.

En las próximas décadas irá creciendo, entre los poetas latinoamericanos, la inspiración espacial y cósmica.

 

BOCETO PARA UN ESCENARIO

 

            Se me dirá que, en cierto modo, la poesía de ciencia-ficción y la obra, en general, de ficción científica, significa una evasión.  Se me podrá argumentar, además, que el Tercer Mundo —al que pertenece América Latina— no es todavía un mundo de cohetes, satélites sino una zona planetaria de conflictos, de revoluciones, de contradicciones y de pobreza.  Y se me pudiera agregar que el clima poético de los países de máximo desarrollo —donde las horas libres son ya un problema para sociólogos y psicólogos— no es el que encontramos en nuestros países mal nutridos, donde sus pobladores deben trabajar mucho para poder desarrollarse.  Esto nos llevaría a una problemática de América Latina hacia el año 2001 desde donde, imaginaria e hipotéticamente, estamos contemplando —a través de esta serie de ensayos y observaciones iniciados con éste de ahora— la poesía latinoamericana de nuestro tiempo.  La perspectiva, se nos antoja, nos da cierta libertad y amplitud crítica, que iremos ejerciendo a través de los varios “cortes” o “fotomontajes” a que incita el tema, en estudios sucesivos.

            Muy rápidamente, con grandes trazos o líneas —a modo de bocetar el posible cuadro futuro latinoamericano— podemos imaginar una evolución de la sociedad latinoamericana en las próximas décadas de acuerdo a la evolución de la sociedad mundial.

            El primer problema que tiene que resolver nuestra civilización planetaria —y en esto está inmersa América Latina— es buscar los resortes para poder evitar un conflicto bélico que la destruiría.  Entonces ya no existirían problemas en la poesía, ni ninguna clase de problemas, pues sería, simplemente, el caos de la destrucción y de la nada.

            Pierre Nord y Jacques Bergier en la introducción a La Actual Guerra Secreta [iv], han escrito palabras que están en la conciencia de millones —a través de los medios de comunicación de masas—: “El desarrollo de las armas de destrucción masiva es tal que las palabras “guerra total”, hasta ahora amenazadoras, están ya superadas.  Se habla hoy día de “suicidio cósmico”.  En esta guerra aterradora, la misma arma atómica no sería seguramente la más terrible de las “novedades”.

            La observación de Nord y Bergier está apoyada en la serie de “armas” de guerra total a las que no escaparía nadie en el planeta: el arma radioactiva, el arma biológica, el arma climática parecen ser más terribles que el arma atómica.

            América Latina está empeñada en sostener la idea de una América Latina desnuclearizada, lo que es un paso importante si se piensa que fue precisamente un punto de América Latina el que en octubre de 1962 estuvo a punto de encender el conflicto termonuclear mundial a raíz de los cohetes con cabeza atómica instalados en Cuba.  La filosofía mexicana inspirada en los principios de Juárez —el respeto al derecho ajeno es la paz— ha de ser, posiblemente, otra arma ideológica de América Latina hacia el futuro del siglo.

            Es de presumir que la segunda trampa que impediría que llegáramos en condiciones de desarrollo aceptable a fines del siglo XX será superada por acuerdos a niveles continentales y mundiales.  Me refiero a los desniveles entre países de gran desarrollo (siempre relativo) y de muy poco desarrollo (siempre relativo).  Como se ha llegado a la congestión en las empresas más desarrolladas en la República Federal de Alemania, se llegará a una gestión conjunta entre países pobres y países ricos.  Es evidente el esfuerzo de Estados Unidos, la Unión Soviética y el mundo europeo para ayudar a los países en vías de desarrollo.  No hago cuestión de las motivaciones de esta ayuda que, como en el caso soviético, implica, también, una influencia política, y en el caso norteamericano, también, puesto que las grandes potencias no proceden por motivos sentimentales sino por un razonamiento objetivo, real, concreto, lúcido, cuando se trata de planificar la ayuda exterior.  Pero es evidente que para la futura salud y paz del mundo esta colaboración es esencial.

            Se tendrá que llegar a grandes acuerdos entre los grandes bloques uno de cuyos pasos es la actual coexistencia pacífica.  A principios de 1965 se efectuó en el Centro de Estudio de las Instituciones Democráticas, presidido por Robert Hutchins, una asamblea en Nueva York que fue designada como “Paz en la tierra” con participación de personalidades muy diversas y que abarcaban todas las tendencias e ideologías de la Tierra.  El Viceministro de Israel en una de las intervenciones cimeras de la Conferencia declaró que la humanidad después de milenios de historia nacional entra ahora a lo que Abba Eban llamó “la primera era de historia global” y propuso que todos los jefes de Estado, grandes o pequeños, dedicasen una semana del año laboral exclusivamente a los problemas de “la nación humana” en lugar de limitarse a los de la propia. [v]

            América Latina tendrá que superar, por su parte, otras dos trampas tendidas por la llamada guerra revolucionaria —que incluye la guerra fría, la guerra subversiva, la guerra psicológica y la guerra ideológica— y son la “balcanización” de América Latina y la “vietnamización” de América Latina que liquidarían el entendimiento latinoamericano a un alto nivel y el desarrollo para “democratizar la democracia” —para usar un acertado concepto empleado por el socialista democrático, laborista británico, Harold J. Laski en “Los Sindicatos en la Nueva Sociedad” (1ra edición inglesa en 1950; española, 1951).  ¿Cómo se transformarán la sociedad y la economía latinoamericanas hacia fines de siglo?  América Latina tendrá que industrializarse, encontrar los capitales y las vías para la potencialidad que requiere “el despegue” del desarrollo económico, el capital social necesario.  Deberá reformar las formas de producción agraria, educar las mentes y atender la salud de la colectividad —que son dos condiciones indispensables a todo desarrollo, que requiere alta educación—; deberá planificar democráticamente toda su actividad: desde el crecimiento de la población, que hoy en su explosión nos lleva a ser una segunda China continental, hasta la ampliación del mercado, producción industrial medios financieros y de formación de capitales.  Deberá encontrar aliados en las fuerzas interiores en Estados Unidos, en Europa y en el mundo, que favorecen el cambio.

            Es posible que, después de las tensiones actuales, encuentre formas políticas más ajustadas democráticamente al desarrollo democrático a través de una plena participación o pluralidad democrática de todos los sectores de la población con la acción del sindicalismo, cooperativismo, campesinado, municipios y toda clase de organizaciones o promociones populares.  Todo esto irá hacia un ejercicio democrático que actualmente no tiene América Latina y es, de acuerdo a la definición lincolniana un gobierno no sólo de y por el pueblo sino para el pueblo.

            En ese cuadro general, Cuba también habrá tenido que evolucionar —presionada por las condiciones políticas, sociales, económicas, culturales, mundiales y continentales—. Ya no existirá biológicamente su actual líder carismático Fidel Castro y el llamado “socialismo a la cubana” —por algunos tratadistas— habrá evolucionado, posiblemente, del modo de la Yugoslavia actual.  La otra cara de la medalla sería la profecía mundial de George Orwell en “1984” o de Ray Bradbury en “Fahrenheit 451” cumplida, en América Latina, en formas de un sistema general totalitario, en el caso que la llamada “Guerra Revolucionaria” rompiera las vías hacia un desarrollo democrático e impusiera, en cambio, esquemas de un poderoso Estado-policía de Partido Unico.

            Aún en ese caso vale la pena recordar una observación del gran historiador contemporáneo Arnold J. Toynbee en “La inestabilidad de la historia” (en la revista “Cuadernos”, París, No. 12, mayo-junio de 1955):

            “Tal vez sea concebible, en teoría, que todos los seres humanos vivos a excepción de uno puedan mantenerse en un estado de hipnosis, pero esto presupone ya que hay por lo menos un hipnotizador en acción; y para poder hipnotizar a sus congéneres, el hipnotizador habría de permanecer no hipnotizado.  Pero si él no está hipnotizado, se encontrará en la situación normal de libertad humana, y si él es libre, no puede hacerse invulnerable a la posibilidad de cambiar un día de criterio y de modificar su propia línea de conducta”.

            Es presumible que la aceleración técnico científica —signo de la nueva Era y de un siglo, como el nuestro, según un estudioso francés ha visto nacer el 95% de los adelantos técnico-científicos logrados por la humanidad— determinará nuevas situaciones de tipo político-social y económico, cultural, sin dejar de pensar en el desarrollo ético que es posible que pueda ser acelerado, pues su retraso no guarda relación hoy con el adelanto de tipo técnico-científico.  Es posible que a fines de siglo podamos entrar en una especie de Renacimiento impulsado por la Edad Espacial.

            Si América Latina se desarrolla, como es de esperarse no obstante las inmensas dificultades actuales y las barreras, el hombre y la mujer latinoamericanos serán seres más evolucionados y estarán en situación de disponer del “ocio cultural” que es el capaz de poder hacer disfrutar de los bienes de la poesía y la cultura.

            Desde ese nuevo ambiente de ese nuevo lector, ¿qué será lo que tendrá un valor de comunicación en la poesía latinoamericana escrita en el siglo XX?

 

UNA EXPLORACION LLENA DE CURIOSIDAD EN BUSCA DE COMPAÑÍA

 

            El lector de fines del siglo XX tendrá más medios mecánicos de disfrute de los placeres espirituales.  Necesitará de esa compañía del arte, de la poesía, de la literatura, de la música, porque la aceleración técnica-científica le habrá dado más medios para seguridad y disfrute de la vida, le habrá hecho ascender espiritualmente y habrá impulsado, seguramente, su desarrollo moral, pero no habrá podido modificar lo substancial de la condición humana.

            Ese lector seguirá siendo amoroso, sensitivo, sanguíneo o linfático, razonador, soñador o muy concreto, y es posible que, aunque esté desvelado por otras inquietudes y otras preocupaciones, no dejará de sentir como algunos lectores de ahora las inquietudes, las interrogaciones, las soledades y las incursiones en las relaciones del hombre y el cosmos.  Será un ser mucho más cósmico y posiblemente también se sentirá solo.  Una nueva dimensión espacial se habrá abierto a él, pero necesitará, también, de la poesía y del arte, de la música y la literatura.  Mucho de ese mundo le llegará a través de imágenes directas y el sonido habrá adquirido, mucho más que ahora, una biológica importancia.

            Es posible que los poetas de entonces se expresen mucho más en imágenes y palabras grabadas o filmadas o creadas en laboratorios.  Las bibliotecas habrán evolucionado mucho y las máquinas electrónicas —que hoy las universidades y centros de investigación empiezan a utilizar cada vez en mayor cantidad— serán auxiliares normales.  Las computadoras ejercerán labores críticas y hasta podrá, a fines de siglo, encomendarse a las computadoras la valoración crítica-estilística de nuestra poesía.  (Ya hoy se encargan algunas computadoras de tareas estilísticas y de literatura comparada —especialmente de la época que vivió Shakespeare— en algunos de los centros de investigación literaria más avanzados.  En la historia ya desde hace años las computadoras son auxiliares excelentes.)

            Pero la pregunta, inquietante para nosotros, ahora, es ¿qué parte de la poesía latinoamericana escrita en el siglo XX tendrá un mensaje comunicativo al empezar el nuevo milenio?  Las universidades —siguiendo el ejemplo de algunas nuestras, de ahora, como la Universidad Nacional Autónoma de México— poseerán, seguramente, valiosos archivos de literatura en la voz de los autores.

            Pero lo que prevalecerá, seguramente, mañana es lo que hace que hoy pueda uno sentirse contemporáneo de Luki que vivió en el siglo III de nuestra Era y que la poesía de Li Po (701-762) nos parezca de ahora.  ¿Por qué?  Hay un mensaje permanente en Li Po y hay adivinaciones que nos pueden dejar pasmados, pues atraviesan los siglos y encierran un tiempo espacio que es el de hoy, el einsteniano, y que sin embargo era sentido o presentido por el poeta del siglo VIII.  Escuchémoslo en este ejemplo de su poema “Con la copa de vino en la mano interrogo a la luna”: [vi]

 

            “Luna resplandeciente como un espejo volador colocado ante la ventana
                 carmesí,

            los humos azules se apagan y desaparecen mientras su puro brillo refulge.

            Los hombres de hoy no ven ya a la luna de los tiempos pasados,

            mas la luna de hoy ya iluminó a los hombres de los tiempos pretéritos,

            hombres de antes, hombres de ahora, semejantes a una corriente que pasa.”

 

LAS CORRESPONDENCIAS TEMPORALES

 

            Aquí topamos con un problema de comunicación.  Es posible que algo de lo mucho que la poesía de Li Po decía a sus contemporáneos no nos diga nada o casi nada a nosotros.  Es posible que esas imágenes de la luna que, acaso, dijeron menos a los lectores en vida de Li Po, nos dicen a nosotros lo que a ellos no dijeron.  La poesía carga y descarga determinados elementos, símbolos, temas, palabras.  Y se renueva, aunque la pieza poética permanezca la misma, pero su comunicación puede ser múltiple de acuerdo a quien es el que la recibe.

            Esto ha sido visto y expresado de modo meridiano, utilizando una sentencia de Berkeley, por Jorge Luis Borges —tan gran poeta, de tan misteriosa metafísica— frente a su “Obra Poética 1923-1967” [vii]: 

            “El sabor de la manzana (declara Berkeley) está en el contacto de la fruta con el paladar, no en la fruta misma; análogamente (diría yo) la poesía está en el comercio del poema con el lector, no en la serie de símbolos que registran las páginas de un libro.  Lo esencial es el hecho estético, el thrill, la modificación física que suscita cada lectura”.

            Para retomar el clima a que nos transporta Li Po pudiéramos pensar en las más jóvenes voces líricas de hoy y encontraríamos cierta correspondencia.  Me valgo de dos ejemplos de una voz poética femenina del exilio cubano.  Tiene la edad de mi hija Elsa y fue su compañera de colegio en La Habana y habla con un acento que significa la sabiduría o la intuición de lo que nos parece hoy la poesía verdadera y que puede seguir manteniendo sus valores mañana.

 

            “Aparece la luna

            vibrando como un ala de insecto color de azufre

            atravesada por una red de venas azules

            la luna se prende a la garganta de la noche”.

            “...La noche construída por varios cristales

            cuyos centros se han estriado como la escarcha

            la noche que despide un olor de remolino

            que ha atravesado siglos”.

 

            El poema lo he tomado de la colección de una de las más jóvenes revistas poéticas lationamericanas: “La Nueva Sangre”, que no tiene más de tres años de existencia y se edita en Nueva York.  Donde, también, aparece “Vanguardia”.  El poema corresponde a Mercedes Cortázar y su título es, también, de lírica intensidad: “La noche huele a tigre después de la lluvia”.

            Pudiera recurrir a otros ejemplos.  Será más adelante.  Lo que intentaba sugerir, ahora, es que hay una poesía o una sensibilidad que “se traslada” en el tiempo y que suele corresponder a nuevas sensibilidades. 

            Un ejemplo más de estos espacios poéticos comparados, o “trasladados”, pudiéramos tomarlo de la poesía lírica azteca.  Me valgo de fragmentos que he seleccionado de la poesía pre-colombina azteca de un excelente libro de Angel M. Garibay K. [viii]:

 

            “¡Amigos, favor de oir

            este sueño de palabras!

            ................................................

            ...del mismo modo yo pulo el jade:

            es mi hermoso canto.

            .......................................................

            ¡Yo tengo que dejar las bellas flores,

            tengo que ir en busca del sitio del misterio!

            ......................................................................

            Cual nenúfar al viento gira el escudo,

            cual humo el polvo sube.

            .....................................................................

            Un libro de pinturas es tu corazón:

            viniste a cantar, oh poeta, y tañes tu atabal.

            Es que en la primavera deleitas a los hombres.

            ...........................................................................

            Mariposa florida entre los hombres pasa.

            ..........................................................................

            ¡Al menos flores, al menos cantos!

            ¿Qué hará mi corazón!

            .........................................................................

            Ya sólo yo estoy aquí y ellos están ausentes:

            entre la niebla y el olvido habré de seguir durando”.

 

            Frente a este clima tan puramente lírico, tan cernido, tan quintaesenciado y tembloroso que nos llega del mundo lírico precolombino —y que es necesario retomar, acaso como uno de los problemas futuros de la poesía latinoamericana—, pudiéramos colocar un ejemplo de ahora, de poesía pura y temblorosa, que tiene aire de permanencia.  Escuchemos —para muestra— la conocida estrofa inicial del poema de Eugenio Florit (1903) muy antologado siempre —y con tanta razón pues se trata de una de las piezas firmes y finas de la poesía latinoamericana de nuestro tiempo— “Estrofas de una estatua”:

 

            “Monumento ceñido

            de un tiempo tan lejano de tu muerte.

            Así te estás inmóvil a la orilla

            de este sol que se fuga en mariposas”.

 

            Hay una cierta correspondencia, en el tiempo, en los siglos, entre la voz anónima del poeta azteca y la del lírico de hoy que tiene igual o parecido desvelo por afinar la poesía.  Este afinamiento de la poesía pura trascendentaliza la voz lírica.

            Pudiera haberme servido de otro ejemplo como el del mexicano Xavier Villaurrutia (1903) y su misterioso clima de “Nostalgia de la Nieve” donde el ritornelo de “¡Cae la noche sobre la nieve!” crea una sensación de extraña afinidad con la voz más antigua.  O del “Nocturno en que habla la nieve” donde Villaurrutia dice: “...Si mi muerte particular estuviera esperando / una fecha, un instante que sólo ella conoce / para decirme: “Aquí estoy...”

 

CIBERNETICA, ROBOTS, POESIA EPOCAL

 

            “Es evidente que el hombre, durante sus miles de años de existencia —ha dicho el joven científico mexicano Renato Iturriaga del Centro de Cálculo Electrónico de la Universidad Nacional Autónoma de México [ix]— ha estado muy orgulloso de algo que lo coloca por encima de todos los demás seres terrestres: sus propiedades intelectuales.  Pero cuando el hombre empieza a crear máquinas que le permitan mejorar tales capacidades sufre un celo obvio y explicable.  (...)  Al ser humano le interesa que las máquinas aprendan, que deduzcan, que posean iniciativa e imaginación.  Si consideramos que tener personalidad es tener iniciativa entonces sí podemos decir que hay máquinas con “personalidad”.  (...)  Por un lado, están creando máquinas cada vez más rápidas, con más memoria y características electrónicas más notables.  En esa dirección parece que ya se ha avanzado bastante y queda poco por hacer.  La velocidad de la luz es un tope, según las teorías de Einstein.  Las computadoras electrónicas están acercándose a la velocidad de la luz y no se podrá pasar ese límite, si es que las teorías de Einstein, como todos lo creemos, son correctas.  (...)  Se está investigando mucho en la información, en la matemática del problema: cómo lograr modelos matemáticos que permitan simular procesos intelectuales más eficazmente.  La simulación del aprendizaje, de la imaginación es todavía muy pedestre y muy trivial.  En esta dirección avanzará la cibernética”.

            Recordemos, de paso, que en México hay ya 200 sistemas de cómputo electrónico y que la Universidad Nacional Autónoma de México creó ya el Centro de Cálculo Electrónico en la Facultad de Ciencias de la UNAM.  Se recordará que la voz cibernética fue inventada por Norbert Wiener en su obra “Introducción a la cibernética”.  Estados Unidos prefiere hablar, ahora, de ciencias de la computación y Francia llama a la cibernética, informática.  La Unión Soviética y las democracias populares siguen llamándola como los Estados Unidos la bautizó: cibernética. 

            Alfredo Cardona Peña en un interesante artículo, “¿Literatura Electrónica?” [x], nos ha dado la traducción de un poema escrito por un cerebro electrónico, programado especialmente para escribir poesía, en Glendale, California:

 

            “Un hierro puede serrar a todos los dragones y todas las aguas pálidas ciegas, humildes lavan y volar angustiado es como cerrar dulcemente, etc.”.

           

            Este poema electrónico no deja de recordarme los ensayos realizados en la frontera entre el dadaísmo y el surrealismo y que recogiera, más tarde, “La Revolution Surréaliste”, cuyo primer número apareció en París en 1924.  Allí encontré lo que traduje como “Cadáver viviente” y recuerdo haber realizado en La Habana en 1939-40 numerosos ensayos de poemas donde el azar era el mezclador de las palabras.  Los surrealistas llamaron a esta introducción del azar: “Cadáver exquisito”.  Con ese mecanismo de juego poético donde cada poeta agregaba una o más palabras sin saber las que colocaban los otros y siguiendo cierto orden gramatical lógico —sustantivo, adjetivo, verbo, complemento— se obtuvo un famoso primer verso que dio bautizo a lo de “Cadáver exquisito”: “Le cadavre exquis boira le vin nouveau”.

            ¿Qué posibilidad se abre a la poesía electrónica?  No creo que, por ahora, pueda ser otra que parecido al del ensayo surrealista del juego lírico del azar plasmado en los ejemplos de “Cadáver exquisito”.  ¿Qué clase de poesía electrónica se escribirá en América Latina a fines de siglo?  Es una interrogante.  ¿Cómo será valorada?  Es otra interrogación.  Aquí llegamos a las fronteras en que las máquinas “se humanizan”.

            Pero hay que recordar que están también los “robots” y que en industrias en Estados Unidos ya trabajan “robots”.  El porvenir de los “robots” parece bastante amplio.  Ya en 1954 John Wyndham escribió una historia, muy interesante, de robots, “Compassion Circuit” —“Circuito Compasivo”— incluído en “Los mejores relatos de Ciencia Ficción” seleccionados por Groff Conklin y que ha editado en 1967 Editorial Bruguera de Barcelona.

            No pretendo, por ahora, internarme en este campo sino solamente apuntar, de pasada, el mundo del “robot” como tema poético sirviéndome de un ejemplo del poeta peruano Carlos Germán Belli (1927) que en 1963 ganó el Premio Nacional de Poesía en el Perú con un libro cuyo título —muy significativo— es “Oh Hada Cibernética”, lo que significa una excelente entrada de la poesía del nuevo tema en la lírica peruana.

            En su poema “Robot Sublunar” ha escrito el poeta peruano:

 

            “¡Oh sublunar robot!

            por entre cuya fúlgida cabeza,

            la diosa Cibernética

            el pleno abecé humano puso oculto,

            cual indeleble sello,

            en las craneales areas para siempre”

           

            Tomo el poema de la revista “Mundo Nuevo”, París, Número 2, Agosto de 1966, página 27 y me detengo en cuatro versos finales.  Belli habla, muy acertadamente, de “el óvulo fabril de la mecánica” y expresa la sensación humana ante el “robot”: “de acá para acullá expedito vive, / sin el sanguíneo riego / del ayer, hoy, mañana ineludible”.  Y es curioso que estos versos finales plantean una cierta metafísica temporal, de esas que desvelan al hombre.

            Sin querer intentar un buceo del tema en la poesía actual latinoamericana debo anotar que el poeta argentino Juan-Jacobo Barjalía (1914) es autor de “Los Robots” (1955), drama de ciencia ficción y que en su antología “Canto a la destrucción” (Buenos Aires, Ediciones Puma, 1968) incluyó fragmentos de su poema “Cibernius” escrito en 1963.  En el poema, Cibernius tiene la idea de destruir al hombre para apoderarse de su sombra.  El tono tiene algo de Apocalipsis, en el clima y las imágenes.

            Ya en su “Nocturno” Rubén Darío nos había dicho:

 

            “...y siento como un eco del corazón del mundo

            que penetra y conmueve mi propio corazón”

 

            Y para no citar sino a otro poeta hermano de Darío y un poema escrito dentro de las dos primeras décadas del siglo XX, debemos recordar la primera estrofa de “Kalpa” de Amado Nervo:

 

            “En todas las eternidades

            que a nuestro mundo precedieron,

            ¿cómo negar que ya existieron

            planetas con humanidades?”

 

            Téngase en cuenta que el poema fue escrito el 30 de enero de 1914 y fue incluido en “El estanque de los lotos” de Amado Nervo, de 1919.

            Podemos abrir Ediciones “R” de La Habana en la “Serie del Dragón”, colección dirigida por el poeta Oscar Hurtado.  Encontraremos en el inicio del Prólogo escrito por Hurtado para “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury —la edición apareció en La Habana en agosto de 1965— estas palabras:

            “Ahora que tenemos las pruebas de que la Tierra ha sido visitada por seres de otros mundos —marcianos con toda seguridad—, este libro de Ray Bradbury, que trata de la llegada de los terrícolas a Marte, nos resulta más verosímil que cuando fue escrito” [xi].

            El poeta Oscar Hurtado habla del teniente de máharustes, extraviado en 1933 en el Sahara y el encuentro, veinte años después, del arqueólogo Henri Lothe de una ciudad que habitó un misterioso pueblo desaparecido.  Hurtado reproduce dibujos de pintura rupestre del Sahara que se

asemejan a las vestimentas de los exploradores espaciales de los “Apolos norteamericanos”.  Y esto sin dejar de recordar el misterio de los “ovnis” —objetos celestes no identificados— que, desde hace años, constituyen una especie de moda terrícola.

 

PREGUNTAS DE HOY HACIA MAÑANA

 

            El espacio de toda revista —y “Alacrán Azul” no escapa a ello— tiene límites, aunque el otro espacio nos parezca tan dilatado.  Sólo alcanzo, por ahora, a poner en órbita algunas interrogantes que iré desarrollando en ensayos sucesivos.

            ¿Qué podrá quedar de la poesía política escrita en el siglo XX cuando al entrar al Tercer Milenio se puedan examinar nombres, temas, obras?  ¿Qué podrá decir esta poesía a seres a quienes les parecerá, posiblemente, el vendaval del siglo XX como una casa de locura?

            ¿Qué sentido social tendrá la poesía latinoamericana de hoy para entonces?  En relación a lo que el poeta chileno Antonio de Undurraga (1911) ha llamado “poesía convivencial” y cuyo libro clave es “Hay levadura en las columnas” (1960) , el poeta y crítico argentino Juan Jacobo Barjalía en su ya citada antología “Canto a la Destrucción” (1968) ha dicho que se trata de una poesía social comprometida con el hombre (pág. 49) y ha agregado que se inscribe al lado de “Le ciel des fusillés” de Jean Marcenac, de “Cahier d’un retour au pays natal” de Aimé Césaire y de “Poésie ininterrompue” de Paul Eluard—y los tres nombres son significativos.

            Bajarlía ha antologado “Sinfonía del traje único” que representa una de las vías de la poesía de De Undurraga (“...conozco la trama filosófica y ejemplar del traje único / conozco su sangre coagulada y cosmogónica...”).  El poeta chileno —de residencias en Buenos Aires, Bogotá, La Habana, Panamá y Tegucigalpa, debido a su carrera diplomática, pues como Saint John Perse es un poeta viajero y experto en las relaciones entre los países— ha publicado en “Ediciones de la Revista Caballo de Fuego” en Tegucigalpa en 1967 “Doce Poemas”, que incluyen algunas piezas de calidad antológica que amplían su conocida “Red en el Génesis” (1946) y sus “Fábulas adolescentes y epitafios para el Hombre de Indias” (Bogotá, 1957) y sus “8 poemas” (Bogotá, 1959).

            A Bajarlía le parece de Undurraga “acaso la figura más importante de (la poesía de) Chile después de Pablo Neruda” (p. 49 de la antología de Bajarlía ya citada).  Personalmente estimo que de Undurraga es uno de los tres poetas chilenos claves del desarrollo lírico chileno después de Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo Neruda.  Y lo curioso —pero no extraño dado la fiebre del dogmatismo político-propagandístico que vivimos— es que de Undurraga no figura ni en la “Antología de la Poesía Viva Latinoamericana” de Aldo Pellegrini, Barcelona, Seix Barral, 1966, ni en 433 nombres claves de la actual poesía chilena del número especial de la Revista “Orfeo” de Santiago de Chile, editado en 1968 y que dirige Jorge Velez.  Pero tampoco aparece en la reciente antología de la poesía chilena que los profesores Roque Esteban Escarpa y Hugo Montes, publicaron en la Editorial “Gredos” de Madrid.  En el prólogo a mi libro de relatos “Caribe Amargo” (Editoriales San Juan y Epoca y Ser, Barcelona, 1970) me he referido a que la vieja Inquisición ha sido relevada por dos nuevas Inquisiciones en el siglo XX, las que pronuncian excomuniones, cada una desde su tribunal de sentencias inapelables.  Las he llamado “la de bonete roja” y “la de bonete negro”.  En el caso de Undurraga —como en otros casos— estas dos nuevas Inquisiciones han determinado sus sentencias de “excomunión” literaria, no por razones líricas y estéticas sino políticas, debido a la posición de Undurraga en materia política y a su no aceptación del régimen del Comandante Castro en Cuba.  En esta forma, en sus excomuniones la Inquisición de tipo marxista-leninista-castrista y la Inquisición tipo Opus-Dei —de la que parecen son cófrades los antólogos Escarpa y Montes— vienen a coincidir en eso que Ortega y Gasset llamó en uno de sus penetrantes ensayos: “el poder social” o sea aquel que no se refiere a la obra en sí sino es agregado a ella por razones y factores ajenos a ella.

            He señalado un solo ejemplo, entre muchos otros que pudiera haber mostrado, y es suficiente para señalar que vivimos una época de dogmatismos, de “guerra psicológica” aplicada a la tarea literaria en América Latina, de lo cual hablé en el Primer Congreso de escritores iberoamericanos y alemanes efectuado en Berlín en septiembre de 1962, calificando este clima que vive la literatura lationamericana de atmósfera de intolerancia, de “cámaras secretas” y de “oscuros prejuicios” [xii].

            Los críticos que desde finales del siglo XX examinen la poesía latinoamericana de nuestro tiempo tendrán la difícil tarea de separar lo que como factor extra-literario han colocado en la estimativa literaria estas dos inquisiciones literarias del siglo XX en América Latina y el mundo.

 

ALGO MÁS 

 

            Ya para terminar este boceto de perspectivas generales, quedan mucho otros temas.  Por ejemplo: el reexamen de una poesía de tanto contenido futuro como la de Vicente Huidobro (1893-1948) que supo aliar inteligencia y sensibilidad, imagen fulgurante y sorpresa permanente; el redescubrimiento de la Gabriela Mistral (1889-1957) que resulta “otra” a partir de “Lagar” (Ed. Pacífico, Santiago de Chile, 2da edición 1961) y que en su extenso y último “Poema de Chile” (Barcelona, Editorial Pomaire, 1967) anuncia una nueva órbita y hasta una renovada condición de su lenguaje poético en un tema entrañable.  Habrá que ir desde la poesía-inventario del paisaje y el mundo de un Jorge Carrera Andrade (1902) a los contenidos del lenguaje propio para explicar la provincia en un Ramón López Velarde (1888-1921), sin olvidarnos nunca del mundo telúrico de ese grande entre los grandes —y para mí un poeta de siempre de nuestra América Latina y una de sus mayores y más personales voces epocales y humanas— César Vallejo (1892-1938).

            Será necesario sentir de nuevo lo que un Baldomero Fernández Moreno (1886-1950) consiguió en poesía como decantación, simplificación, esencialización lírica, trabajado hasta en su libro póstumo “Penumbra, Libro de Marcela” (Buenos Aires, 1951) que significa un viaje hacia la raíz más pura y esencial, al modo de un Antonio Machado en la otra orilla del Atlántico.  Pero será necesario volver a leer lo que han hecho y lo que continúan realizando los surrealistas latinoamericanos y que en César Moro (1904-1956) encontraron un explorador y un creador que se lee hoy y se leerá mañana con el interés de ayer, puesto que, al revés de algunos poetas de hoy, no creo que el surrealismo haya cerrado sus posibilidades y estimo, más bien, que puede haber mañana un nuevo renacimiento surrealista debido a que explora intensamente el ser y sus subterráneos y ésta seguirá siendo tarea de la poesía.

            Quedan muchos otros temas, que sólo enuncio y trataré en próximos ensayos: ¿Cuál será el aporte de la poesía de los exilios y los destierros —entre los que está inmersa de literatura y poesía cubana del exilio de hoy— a fines del siglo XX?  ¿Qué representará el neo-romanticismo de José Angel Buesa (1910) mañana?  ¿Qué quedará de la poesía conformista que se escribe hoy en la Unión Soviética, en las democracias populares y en Cuba?  ¿Cómo será estimada mañana, la poesía clandestina que se produce hoy en esos países?  ¿Cómo se adentrarán los poetas en las raíces indoamericanas?  ¿Qué permanencia podrá tener, por ejemplo, un poema como “Viento Entero” de Octavio Paz (1914) que me ha proporcionado no pocas sorpresas?  ¿Y qué horizontes puede abrir una poesía como la de Humberto Díaz Casanueva (1908) cuyo libro “El Sol Ciego” (Santiago de Chile, 1966) establece una nueva llave lírica?  Estas y otras preguntas requieren tiempo y espacio.  Por hoy sólo las dejo abiertas a próximas páginas.

 

                      La Catalina, Santa Bárbara de Heredia, Costa Rica.

 

 



NOTAS

[i] Arthur C. Clarke en “Los caballeros del tercer milenio.” — “Crónica de nuestra civilización.”  En: revista “Planeta,” No. 3, Buenos Aires, 1965, p. 63.  El artículo ocupa hasta la pág. 79 y es apasionante.

[ii] Alfredo Cardona Peña, “Cosecha Mayor” 1944-1964.  Editorial Costa Rica, San José, C.R. 1964, 510 págs.  La organización de la antología es muy interesante.  El título de la obra fue sugerido por Ernesto Mejía Sánchez quien escogió, además, el material crítico.

[iii] “Zona Franca”, Caracas, Año III, No. 43, marzo de 1967.  El poema de Alfredo Cardona Peña aparece de pág. 34 a 37.

[iv] Pierre Nord, Jacques Bergier, La actual guerra secreta, Barcelona, Enciclopedia Horizonte, 1969, 254 págs.  La cita aparece en la pág. 15.

[v] Alberto Baeza Flores, La guerra psicológica en América Latina, San José de Costa Rica, Ediciones EIDED, 1968, pág. 70.

[vi] Poesía China.  Selección, traducción y prólogo de María Teresa León y Rafael Alberti.  Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora, 1960, 237 págs.  El poema citado aparece en pág. 97.

[vii] Jorge Luis Borges – Obras Completas.  “Obra Poética 1923-1967”, Buenos Aires, Emecé Editores, 1967, 7ma edición, 339 págs.  La cita está en la pág. 11.

[viii] Angel M. Garibay K.,  “La literatura de los aztecas”, México, Editorial Joaquín Mortiz, 1964, 142 págs.  Los ejemplos los seleccioné de pág. 51 a 72.

[ix] En “La Cultura en México”, No. 383, Suplemento de Siempre, “Diálogo con Renato Iturriaga.  De la Cibernética como madre de todas las ciencias que la engendraron” por Margarita García Flores, págs. XI y XII.

[x] En el periódico “La Nación”, San José, Costa Rica, 7 de noviembre de 1969.  Página editorial.  Alfredo Cardona Peña: “Literatura Electrónica”.

[xi] He seguido con mucho interés el tema ciencia-ficción en la literatura escrita y publicada en Cuba bajo el régimen del Comandante Castro.  Es un tema no prohibido en Cuba puesto que ocupa rango en la literatura soviética hoy.  La antología “Cuentos Cubanos.  De lo fantástico y lo extraordinario”, San Sebastián, España, Equipo Editoria, 1968, 302 págs. incluye a cinco autores jóvenes cubanos de ciencia ficción, editados en Cuba bajo Castro.

[xii] Revista “Humbolt”, Hamburgo, 1963, número especial dedicado al “Primer Coloquio de Escritores Ibero-Americanos y Alemanes” de Berlín en 1962, pág. 38.