Un cielo

otoñal, hijo del viento

y quizás henchido de presagios:

¿sobre el dolor impuro que bebo?,

¿sobre lo que escribo en la obscuridad?,

¿sobre el error de mis caminos todos?

¡Presagios!  ¡Presagios!  ¿o sólo

el fortuito temblar de una quimérica

mirada?  ¿Qué es este mundo

que el hombre conoce?  ¿Cómo

es posible que el hombre

tal como es pueda conocer?

Un cielo, un hombre,

yo,

la fugitiva, pálida fuerza

que se aloja bajo ese nombre.

Descripción de un escarabajo

 visto en el Brasil

 

H.A. Murena


Y a mis pies el alurnus bipunctatus.

Armadura solar fundida con oro,

con sangre y en los élitros dos círculos

negros señalando su casta hipnótica,

ascendía la empinada ladera del cráter,

empujaba el universo de su esfera.

Milenios de acero en aquellas patas

temblaban bajo el peso,

silenciosamente gemían,

hasta que por el planeta

eran vencidas.  Yo lo vi

siete veces volver a lo hondo,

ascender lentamente, desplomarse

siete veces lo vi.  Pero al cabo

su agonía venció y rodó la esfera

por la tierra plana.  ¡Alurnus bipunctatus!

 

Aquel que tiene fe no cree en nada.