NATALIO GALAN

La edad media no aclara su comienzo y establece sus postreras definiciones cuando el Renacimiento llama a sus puertas y llena de titubeos se identifica como:

       —Ars Nova, 1300.

       Fue interrogado, detenido, juzgado y condenado por formalismo excesivo.  Su historia es...

       :S: ... igual a esas estrellas que aumentan repentinamente su brillo para luego esfumarse, en su mínima magnitud, anterior a aquel resplandor que cegara a los astrónomos con el pulso incrementado de su luz, no esperado en el lugar acostumbrado del cielo, donde antes sólo había punto imperceptible que en pocos días o meses, adquiere proporciones inusitadas y sin llegar al estallido de sus gases componentes recede, al fin, paulatinamente, a su estado primitivo, para desconcierto del estudioso que creyó haber dado con una estrella nueva entre las que ya pueblan el limitado círculo de su telescopio, engañado por aquella inusitada fuente de luz, que en un principio le creyó cometa, pero que al aumentar su resplandor en el curso de las horas y tomar proporciones, más allá de toda lógica estelar, verifican, en su ilógica, toda la razón de una supernova, cuyo brillo recede en el mismo ritmo anterior, o más lento, a veces, para diluirse en la casi nada del punto invisible, sin importancia mayor entre las constelaciones, que ya opacan aquel que fue movimiento de luz intermitente, avalancha de nieve en horizonte cósmico augurando tragedia pero, que no se hace súbita, sino lenta cantidad multiplicándose entre proporciones mayores, vencidas, al fin, en la magnificación del punto, que ha reducido y hasta opacado a los otros mayores que le rodeaban, para de nuevo establecer un ciclo, donde el disminuir de la intensidad hará de aquel punto-origen simple estrella de sexta magnitud,  inapreciable tanto al astrónomo como al historiador, que no acierta, en su miopía de perspectiva, a ofrecer la exacta definición del devenir histórico para cercar a la edad media entre un comienzo nebuloso y un final apoteósico engendrado por el Ars Nova que luego se desvanece en un tenue perfume de bomba atómica cósmicamente inalcanzable.

 

DA CAPO AL SEGNO :S: SIN’AL AD LIBITUM

       1ª VOLTA: Agarrarnos al clímax de la edad media —el Ars Nova— no es desacertado; de ahí se puede partir, remontando, en definiciones menos precisas, la historia del hombre en sus momentos de solaz.  Y sorprende descubrir cómo el arco en los instrumentos de cuerda tuvo orígenes belicosos.  Pero eso está más allá de la edad media, del cristianismo, de los romanos, griegos o fenicios fósiles.  Por ese entonces, el hombre andaba todavía entre las ramas y se tomaba sus vacaciones en cavernas de España, a las que llegaba por caminos de Sans Thi Hago. i  En aquella etapa las guerras usan el arco bélico-musical que luego, en su tensión utilizada, rasgará cuerdas y no aire con flechas enemigas.

       La imaginación, retrocediendo, opera milagros increíbles: recién fuimos del Ars Nova a las cavernas en cuestión de pocas líneas.  También el cine puede provocar esas mutaciones rápidas en las imágenes, pero el cine con sus ficciones no es como la historia que en la exactitud de su ciencia distorsiona con su autoridad.

       Tómese a la distorsión como realidad auténtica —distorsión es sueño— y al toque de esa varita toda la literatura se convierte en verdad, o al menos en “veri similis”.  La generalidad universalizada a través de los ojos del escritor, deidad suprema en su Olimpo, Júpiter Tonante repartiendo rayos a diestra y siniestra, sin el cuidadoso esmero del bibliotecario que ha castrado su imaginación al situar cada tarjeta en el lugar que debió evitar.

 

(Creo en la indefinición de la historia, creadora de confusiones y otros recelos, y en su única víctima, el lector, que es siempre mistificado, muerto y sepultado sin alcanzar la supuesta generalidad aludida.)

 

       El gótico flamígero despidiendo a su pasado exageraba el movimiento de sus dedos en filigranas de piedra.  El aspecto visual se mete por los ojos en preciosismo de agujas.  La complejidad de la ojiva pequeña es suficiente para abarcar el paisaje y provocar la miniatura, el Libro de Horas, que los holandeses del siglo XVII mirarán de soslayo, con rencorosa envidia, por la “subtilitas” en el detalle mínimo.

       Kannabis a lo Ars Nova —el humo y la locura— mucho antes que el tabaco antillano le derrote con sus virtudes hedonistas y oníricas —el humo sin locura.  Como la nuestra, la vida era compleja en el círculo de las ciudades amuralladas: París, Barcelona, Milán, Verona, Florencia, el Greenwich Village.  Roma, en el “trecento”, intriga más que crea.  La clerecía como nido de víboras mientras un Papa elimina a otro Papa.  Avignon se abre a un cisma que enaltece a su corte; Petrarca no se excusa al calificarla de “nueva Babilonia”.

       América espera a Cristóbal arrodillada intuyendo al dios, ¿genovés, gallego, judío?  En Europa, por tanto, la papa no se ha importado.  Hay grandes hambrunas que el Papa, claro, no comparte con sus despensas repletas.  Estas son sólo para la plebe, que baila en los campos sus danzas... y la de la muerte, también.  Las pestes y la Guerra de los Cien Años provocaban la lujuria de la existencia o el masoquismo del penitente, que se redimía en un arrebato de flagelación y misticismo.  La sífilis, conquistada en tierras semitas, por razones de cruzadas religiosas, compite con la viruela que no era suficiente como peste accesible entre las otras pestes.  Mientras en Granada las fuentes públicas bañaban al moro, en París las calles eran mingitorios, en Milán basureros, en Verona letrinas y en el Greenwich Village ‘detritus liberalis”.  La peste no era la ira de Dios sino la falta de ducha; si un ángel redentor hubiere sugerido la respuesta, pero Alah estaba mejor informado en servicios públicos estatales. 

       Por eso las piedras flameaban, escapando la fetidez de la ciudad amurallada; lo deletéreo surgía del suelo, que no les llegaba del aire poluto de la tecnología como ocurrió en el siglo XX. ii

       ¿Cómo eliminar la contradicción que sofocaba la lógica?  La lógica era Marte en campos de Escorpio, la brea ardiente derramada desde las almenas, el pedrusco en catapulta; la flecha, no interceptada por la coraza era un delirio para el arquero, deliquio para las damas.  El torneo: Jack Dempsey derrotado sólo una vez, sin la oportunidad de establecer más tarde un restorán en Broadway y con su nariz apabullada hacer dinero.

       Las puertas de la iglesia quieren cerrarse a la polifonía pero el noble la escucha en las cortes (Gastón de Foix, Visconti, della Scala).  Guillaume de Machaut, ya canónigo setentón de Reims, encuentra su Lolita y escribe cartas amorosas como un hombre del siglo XX,

       “et pource nulz repentir de bien amer ne se doit.”

       El amor sin acto de contricción.  A pesar del “buen amor” poético el sexo no era fenómeno espontáneo, hondas raíces judías le distrosionan.  No se decían: —Somos hipócritas; preferían considerarse entes caóticos en plena ruina.  Con un “mea culpa” zanjaban el aturdimiento y su herejía.

       Las vírgenes como una S, pues aunque vírgenes, embarazada.  La mujer ideal preñada por una aureola.  El honor está en la matriz, de ahí el cinto de castidad.  Fidelidad mariana al ángel semental.  La mujer ideal buscada por Amadís de Gaula abortaba su virginidad en un aljibe de convento.  El vientre, creciendo igual...


DA CAPO AL SEGNO :S: SIN’AL 
AD LIBITUM

       2ª VUELTA: Guillaume de Machaut en Francia (o lo que era Francia) y Francesco Landini en Italia (cuando era haciendas con castillos) son suficientes entre ambos, para rescatar los cientos y tantos años de música entonada con el nuevo dejo en logias de palacios, conventos y coros de catedrales.  Son dos figuras cuyas vidas abarcan los 97 años necesarios para marcar el clímax de la supernova que llena el siglo y fijar al compositor como aretesano con derecho a una tarjeta histórica, al igual que reyes o papas.  En lo adelante no se aspira al anonimato y cada quien con un nombre de pila y su pueblo de origen estampará su firma al final de la balada o la caccia.

       En la dulzura de sus vocalisos Landini entona fiorituras a lo Bellini y es a la sombra del verbo que improvisa sus melodías encontrando respuestas a problemas de volumen y espacio como un Giotto redivivo.  A Machaut le importa un comino la dulzura del ciego florentino y prefiere la rítmica en un tono de desasosegada sutileza.  Los primeros síntomas de música orgánica liquidando a la del puro lenguaje —a menos que Amor intervenga— son planteados por el trovador de Reims.  En Machaut los instrumentos quieren tomar la palabra, perdón, que confundo con los términos, pues si la música se libra de la poesía del lenguaje porque el instrumento va a tomar la palabra, digamos mejor que la poesía encuentra la música de sus palabras, la música sus armonías y los instrumentos sus timbres que ya Machaut sugiere en los bosquejos de sus grandes conjuntos.

       Comienza la carrera del individualismo y la inmortalidad no está tanto en los cielos como sobrevivir en el rastro de la tinta trazando las convenciones gráficas del momento, con signos musicales que sufren las sutilezas de la moda en alambicadas metamorfosis, como lo indican dos tarjetas en un fichero.

Senleches, Jacob de (fl. 1380).  Músico de

Eleonora de Aragón, gran imaginación me-

lódica, muy diestro en el uso del hoquetus.

Perugia, Matteo da (m. 1418).  Bli bli bla

bla, fuiquiti fuiquiti fua, chucu chucu cha

cha cha, enegüe subuso, ja ja.

 

       Quienes se vieron llevados a nuevas notaciones (der Zeitgeist) para lograr creaciones más extravagantes a la vista y al oído. iii  La visualización de la música, ritmo oftalmótico cabalgando en rayo de luz por caminos de Pérgamo.  (Por ser ciego, Landini sólo tuvo visiones auditivas; la luz no fue índice en su mundo sonoro).

       En este reformismo, tan importante como el sonido lo fue el preciosismo del aspecto visual.  Una página de música se llenaba de agujas en su grafía reflejando la ciudad donde fue escrita, vista desde el castillo feudal del terrateniente; aquel que bañaron el día que nació y repitió la experiencia cuando se casara, para no volver a sufrirla hasta el día de su muerte, la cual, claro, ya no vivía:

3      -    1  =   2 zambullidas por vida

      El hombre no es pez aunque se cubra de escamas.

       2    +    1  =   3, compás ternario (Ars Antiqua)

       1    +    1  =   2, compás binario (Aras Nova)

       3   en   1  =   Aceite lubricante

       Cantar marcando a 2 ha sido delito, desatino, herejía, desprecio a la Trinidad.  Pero ahora el 2, como el 3, es habitable, redimible.  La Santísima Trinidad comparte su influjo con un 2 plebeyo, que se danzó en las ferias del atrio, o se coló por las hendijas de los portones del claustro, y hasta subió a las torres de los conventos a refocilarse con las campanas que ya regían la paz conventual.

       Con el ritmo, Machaut le coge la delantera a Colón aventurero, cruza el océano y le escribe a Isabel ya dueño de un mundo nuevo.

       La semifusa a la desbandada que por sus corchetes hormigas llenaron el pergamino con agujas, gallardetes, síncopa hoquetus, umpá.  El triunfo del compás plebeyo es un juglar canonizado.  Ya el músico no es más poeta de la lengua y compositor; hay que esperar al romanticismo para que vuelva a escribir.  Y con todo Breton los desmiembra:

        —La poesía es una, sola, intensa...

 

DA CAPO AL :S: SIN’AL     

       3ª VOLTA:  Diálogo entre pedagogo y pupilo tomado de un códice miniado de la época.  Las iluminaciones no son de la General Electric y tampoco de Rimbaud como se creyó en un principio.

       —Y ¿cómo fluía la música tomando forma en el tiempo?

       —El castillo es la almena en atalaya, ésta en torre sobre explanada circundada por murallas en el foso, es el castillo.

       —Pero ha definido formas en el espacio cuando he dicho el tiempo.  Un motete, por ejemplo.

       —Para el 1300 es también una estructura, pero en el tiempo.  A la voz más aguda, en lengua vulgar, narrando la anécdota de una tentación, por pecaminosa no desdeñada, otra voz más grave o tímbrica, nota por nota en sus sílabas, comparte con la anterior ideas en común, expresadas en latín tomado de las Escrituras, nivel moral que es opuesto, más redentor, paliativo; mientras otra melodía, aún más grave y la más tradicional entre ellas, dispuesta en duraciones prolongadas geométricamente —como al extremo superior del fuste, el capitel, y entre éstos el arco en ojiva— excogita síntesis de las anteriores divagaciones.

       —¿La herejía y el dogma divagando codo con codo? 

       —Las líneas del motete, tres o cuatro, se superponen en canto abigarrado, acción conjunta de profanación y misticismo.  El motete es el triunfo del hombre en su simultaneidad de ideas.  Observa que la poesía no puede decir al mismo tiempo te adoro y te odio.  Lo picaresco flotando sobre el resplandor de la Virgen como estrella marina —“Ave Maris Stella”, ¿recuerdas?  Cada nota del canto firme en su duración prolongada es un fuste para la expansión de lo ininteligible.

       —¿Por qué siempre la arquitectura como símil?

       La misma síntesis observada en el pórtico de la iglesia (el paraíso, el infierno, el zodíaco, los menesteres) se realizaba entre las voces del motete isorrítmico.  Te mencioné al castillo porque música polifónica fue arquitectura.  Varias generaciones construían una catedral o un motete, cada una añadía un nuevo canto al creado anteriormente.

       —¿Qué compositores?

       —No se sabe, como es posible identificar a los albañiles por las piedras que colocaron en un muro.

       —Como capas geológicas,  sic  iv entonces.

       —No sé de qué hablas, pero diría más bien, como sedimentaciones culturales.

       —Todo eso me suena tan arcaico.

       —Hoy, en 1369, el ritmo se aviva y Machaut sienta nuevas premisas.

       —He escuchado a Machaut y a De Vitry y a veces me confunde su algarabía.

       —Son modernos.  Escriben para el futuro. 

       —¿Futuro?  ¿Qué es eso?

       —El Papa Urbano V en un jet de la Pan American de Avignon a Roma.

       ATTACCA SUBITO IL MONTUNO

       MONTUNO:  La música arrimada al lenguaje en consorcio de siglos encontraba en el 1300 sus estructuras temporales en aquellas que inspiraban a la poesía.

       Orfeo y su arpa de Tracia no establecían conflictos, es cuando Eolo ensaya resonar entre las cuerdas sin que Orfeo las pulse que poeta y músico se encaran.  Orfeo celoso de aquel prodigio.  Siempre que hablaba su arpa le secundaba.  ¿Qué hubiera sido de Orfeo sin el arpa? Eolo posee el arpa mientras Orfeo dormía, ¿qué culpa tiene el arpa de tan divino ultraje?  ¿Una nueva experiencia?  No es cierto.  Informada estaba de sus posibilidades a través de las prácticas órficas.  Fue culpa de Orfeo creerse el único capaz de simular sonidos con el lenguaje mientras el arpa le envolvía en sus transparencias.  (Secreto de dos es secreto, de tres no lo es).

       Eolo, pura abstracción, al usarla descubre a los otros dioses un instrumento hábil, que sin definir como Orfeo, eleva; así, también, el agua impulsada por el viento traza giros sin significar la palabra.  Eolo soplaba libremente y si en la frente de Orfeo sendos cuernos floreaban el arpa se había librado de tantas limitaciones poéticas y podía soñar sueños de sonidos.

       El mito se forma en el vórtice de un problema, que no se queda en las afueras tomando fotos, sino en convivencia, reduciendo a esquemas de sueños la situación, sin carácter de periodista que llama al verbo, palabra, y a la palabra, poesía  y a la música, sirvienta.  Y todos admiran a la UPI como Real Academia de las definiciones, sin percibir que en el mito estaba la respuesta sin quebrarle la cabeza a ninguno de sus participantes.  El arpa es ráfaga que con sonidos metálicos comunica lo que Orfeo con sus palabras no podía imitar aunque dijera tilín tilán. 

       Que el Ars Nova se entretuviera con estructuras de la poesía obedecía al formalismo del Ars Antiqua emparentado con los rimadores provenzales que no podían hacer sus conquistas galantes sin un sonsonete para que la mujer ideal, poco dada a excogitaciones abstractas, quedara fascinada ante el motivo melódico poético.  Pero una mala o buena costumbre no es “res facta”, se la puede relajear para encontrar que lo cierto es hueso y nada más.  El Ars Nova en sus formas era víctima propiciatoria de una tradición indigesta de pies poéticos y rimas estrechas.

       CODETTA: En un lugar de Inglaterra de cuyo nombre nadie se acuerda, cierto día de un posible 1380, una comadre asistió a una parturienta.  Fue varón y no le llamaron Cristóbal Colón sino John Dunstable.

       Otros sones cantaría este músico, matemático y astrólogo, cuyas resonancias engendraron un estilo que no fue clímax sino principio.  Para iniciar un nuevo capítulo volteó unas hojas buscando el Ars Antiqua... y se hizo maestro.

        Este danzón se tocaba a finales del 1300.

___________________________

i Hoy Santiago de Compostela con acento gallego; los chinos pronuncian Zen te con ping pong te la, a diferencia de los argentinos que por razones ignoradas dicen Santiaaaago de Composteeela, mientras los cubanos insisten en Santiago’ecomposte’a. Cualquiera de estas cuatro versions no se diferencia de la prehistórica por pronunciarse todas con la columna vertebral ya erguida.

ii Daily News, NYC, NY, USA.  Vol. 50, No. 304, pág. 18.

iii Karlheinz Stockhausen.  Text zur elektronischen und instrumentalen Musik, Verlag M. DuMont Schauberg, Köln, 1963.

iv Comentario del pupilo que causa muchas dudas sobre la autenticidad de este códice.  Anticipa términos geológicos que se emplearán 600 años más tarde.